La proporción básica
Usa 100 g de azúcar y dos cucharadas de agua para un caramelo sencillo y controlable. Calienta a fuego medio sin remover con cuchara, dejando que el azúcar se disuelva poco a poco.
Si necesitas más cantidad, respeta la proporción y evita llenar demasiado el cazo. Un recipiente amplio permite que el calor se reparta mejor y reduce el riesgo de que unas zonas se quemen antes que otras.
El punto perfecto
Retira el caramelo cuando alcance un color ámbar dorado. Ten en cuenta que el calor residual seguirá cocinándolo unos segundos incluso fuera del fuego.
Un caramelo demasiado claro aporta poco sabor, mientras que uno muy oscuro puede resultar amargo. Si dudas, es preferible retirarlo un poco antes y dejar que termine de coger tono con el propio calor del cazo.
Cómo evitar que cristalice
Mueve el cazo suavemente en círculos en lugar de introducir una cuchara. Remover de forma brusca puede favorecer que el azúcar forme cristales y arruine la textura fluida.
También ayuda limpiar los bordes interiores del cazo con un pincel húmedo. Así evitas que los cristales secos caigan de nuevo en el caramelo y provoquen una reacción en cadena.
Qué hacer si el caramelo se endurece
Devuélvelo a fuego suave con una cucharada de agua y espera a que recupere una textura fluida. No subas demasiado el fuego: podrías oscurecerlo en exceso antes de que se disuelva.
Si ya está dentro del molde, no te preocupes demasiado. Al cocerse el flan y reposar en la nevera, parte del caramelo se volverá líquido de nuevo y formará la salsa característica.
Preguntas frecuentes
¿Puedo remover el caramelo con cuchara?
Mejor no. Es preferible mover el cazo suavemente para evitar que el azúcar cristalice.
¿Cómo sé que el caramelo está en su punto?
Debe tener un color ámbar dorado. Si se oscurece demasiado, puede quedar amargo.


